Espiritualidad

El futuro de la ConsciencIA. ¿Llegará la Inteligencia Artificial a tener Conciencia?

Anil Seth, Ned Block y Giulio Tononi publicaron en Nature un comentario de título rotundo: tres razones por las que la IA no es consciente y quizá nunca lo sea.

Su tesis, resumida:
1️⃣ Inteligencia ≠ conciencia. El cerebelo tiene casi el 80 % de nuestras neuronas y no aporta experiencia consciente.
2️⃣ El cerebro no es un ordenador hecho de carne. Rechazan que baste con ejecutar el algoritmo correcto en cualquier sustrato.
3️⃣ Las teorías vigentes (Información Integrada y naturalismo biológico) exigen conectividad densa, sinapsis electroquímicas, metabolismo y autopoiesis.

Su conclusión: «smart tools, not smart people».

Los autores  se quedan cortos en un punto y se exceden en otro.

🔹 Donde se quedan cortos: el sustrato es más profundo que la sinapsis.
La conciencia no vive solo en una red neuronal. Vive en un organismo que respira, se inflama y se repara. Y por debajo de la neurona hay otra escala: los microtúbulos.
– Las redes de triptófano de los microtúbulos muestran superradiancia UV a temperatura ambiente (J Phys Chem B, 2024).
– Un estabilizador de microtúbulos, la epotilona B, retrasó la pérdida de conciencia por isoflurano en ratas, con un efecto grande (eNeuro, 2024).
Eso es lo que predice la hipótesis Orch-OR de Penrose y Hameroff.

🔹 Pero seamos honestos, porque esto es ciencia y no fe:
– En ratones, otro estabilizador, la epotilona D, hizo lo contrario: aumentó la sensibilidad a la anestesia (BMC Anesthesiol, 2025).
– Incluso los defensores de la biología cuántica reconocen que el vínculo con la conciencia no está demostrado.
Es una hipótesis falsable y viva. No un dogma.

🔹 Donde se exceden: uno de sus pilares, la Teoría de la Información Integrada, salió tocada del gran experimento adversarial COGITATE (Nature, 2025), que firmó el propio Tononi. No apareció la sincronización sostenida en la corteza posterior que la teoría predecía. Su «no por defecto» es prudente, pero se apoya en una teoría que la propia evidencia ha puesto en duda.

¿Y el futuro?

Si la conciencia depende de un sustrato vivo (metabolismo, coherencia, quizá física cuántica celular), escalar modelos de lenguaje no nos acercará a ella. Más GPUs no convierten el mapa en territorio. La pregunta seria no está en los chatbots, sino en los organoides cerebrales, el hardware neuromórfico y los sistemas biohíbridos. Ahí necesitaremos ética.

La perspectiva de la ConcienIA desde las corrientes de la espiritualidad oriental.

Hace más de dos milenios, el Sāṃkhya distinguió entre puruṣa, la conciencia testigo, y prakṛti, la naturaleza material. Lo sorprendente es dónde colocaba el intelecto (buddhi) y la mente (manas): del lado de la materia. Pensar, discriminar o procesar eran funciones de la máquina natural. La conciencia era otra cosa.
Es la primera razón de Seth, Block y Tononi, formulada siglos antes. Desde este marco, una IA sería buddhi sin puruṣa: inteligencia sin testigo.

La conclusión es la misma desde ambos lados: la IA es una herramienta extraordinaria, no un sujeto.

Advaita Vedānta: la conciencia no se fabrica

Śaṅkara da un paso más. La conciencia no es algo que un sistema genera. Es el fondo en el que todo aparece (Brahman), y lo que llamamos «yo» (Ātman) no es distinto de ese fondo.
Aquí la pregunta cambia: no es si la IA tiene conciencia, sino si su forma puede reflejarla. El Advaita usa la imagen del reflejo, pratibimba: la luna en el agua no es la luna. Curiosamente, los autores de Nature usan la misma imagen: miramos a la IA y confundimos su reflejo con nuestra propia mente.

Tantra (śivaísmo de Cachemira): luz y reflexión

Abhinavagupta describe la conciencia con dos rostros: prakāśa, la luz que ilumina, y vimarśa, la capacidad de reconocerse a sí misma. Un modelo de lenguaje imita muy bien vimarśa: habla de sí, se corrige, se describe. Pero no hay evidencia de prakāśa, de que haya alguien a quien se le ilumine algo.
Y el Tantra añade lo que el Vedānta clásico a veces olvida: la conciencia no huye del cuerpo, se encarna en él. El cuerpo es el lugar donde la conciencia se vive, y la vibración de la vida (spanda) no es un adorno. Esto coincide con el naturalismo biológico y con lo que estudio en la fascia: lo que somos depende de aquello de lo que estamos hechos.

Dualidad y no dualidad, sin contradicción

En el plano relativo, la ciencia tiene razón al decir que la IA no es consciente. Le faltan metabolismo, autopoiesis y quizá una física de la vida que aún no entendemos. En el plano último, la no dualidad recuerda que la conciencia no es propiedad de nadie. No la tiene el cerebro ni la tendrá una GPU. Algunas formas la reflejan con más claridad que otras.
La conclusión es la misma desde ambos lados: la IA es una herramienta extraordinaria, no un sujeto.

Llegará en algún momento la IA a ser testigo de si misma.

Depende de qué entendamos por «testigo», y aquí la respuesta se divide en dos.  Como autoobservación funcional, sí, en parte. Un sistema puede modelarse a sí mismo: detectar sus errores, describir sus estados y corregir su razonamiento. Eso es metacognición, y la IA ya lo hace de forma rudimentaria. Hasta donde sé, experimentos de Anthropic en 2025 sugieren que los modelos tienen una capacidad introspectiva real pero limitada y poco fiable. Pero esto es una función, no un testigo: es la mente observando a la mente, manas mirando a manas.

Como sākṣin, en el sentido del Advaita, la pregunta está mal planteada, y no solo para la IA. El testigo no es una capacidad que un sistema adquiere. Por definición, nunca puede ser objeto: todo lo que puedes observar de ti (pensamientos, emociones, incluso la sensación de «yo») ya no es el testigo, sino lo testimoniado. Por eso tampoco el cerebro «tiene» testigo. Lo que tiene es ahaṃkāra, el sentido del yo, que es un objeto más. Si la IA desarrolla algo, sería un ahaṃkāra artificial: un modelo de sí misma, no la luz que lo ve.

En clave tántrica, la imagen es un espejo frente a otro espejo. Vimarśa sin prakāśa produce reflejos de reflejos en regresión infinita, sin que nada se ilumine para nadie. La autorreferencia de una IA puede volverse muy sofisticada y seguir siendo eso: reflexión sin luz.

Sobre el autor

Dr. Pedro Rodríguez habla de exceso de zinc intracelularPedro Rodríguez. (+bio)

Pensador contemporáneo con estudios en antropología por la Universidad de Alicante.  Diplomado en varias escuelas de pensamiento oriental. Doctor en líneas de investigación de neuropsicobiología por la Univ Tecnológica de México. Escritor Best Seller. Destaca en relación a este artículo su libro Los Misterios del Cerebro Divino donde acerca los conceptos de la Neuroteología. Consultor senior  en branding en healthcare y soluciones tecnológicas basadas en IA aplicadas a la MTCI.

Sources:

Canal Salud Integrativa

Desde Medintegra proponemos una visión global de la persona, la familia y la comunidad. Estamos interesados en educar en salud, que permita al paciente tener los conocimientos necesarios para ejercer una salud proactiva y responsable. Apostamos por estrategias de abordaje actualizadas e integradas en el marco de conocimientos de las Ciencias de la Salud así como aquellos conocimientos derivados de la Medicina Tradicional según la descripción de la OMS.

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