La riqueza de la dietoterapia china - Programas avanzados para el Cuidado de la Salud
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La riqueza de la dietoterapia china

Receta con cilantro

Dice un antiguo proverbio chino «la medicina y los medicamentos tienen el mismo origen que los alimentos», en consonancia con la célebre sentencia de Hipócrates que equipara a los alimentos con la medicina, lo que nos enseña que para los grandes médicos que sentaron muchas bases de la terapéutica actual, la forma de alimentarse es un determinante absoluto en la consecución de la buena salud… o de la mala, según sea el caso.

En Oriente en general y en China en particular, el arte de la cura a través de los alimentos es tan antiguo que se dice que nació al mismo tiempo que la humanidad. Por tanto, podemos definir la dietoterapia como el uso de la alimentación con fines terapéuticos, incluyendo el cuidado y conservación del cuerpo, de la salud y la prevención de enfermedades.

Como practicante de Medicina Tradicional China (MTC) desde hace 15 años, se que este sistema de prevención y sanación posee una profundidad y riqueza en sus fundamentos y en su desarrollo clínico sorprendentes. Pese a la compleja red de interrelaciones que establece, sus bases se sustentan en dos Teorías muy potentes que proveen de sentido y orden a toda la estructura: Yin-Yang y Cinco Elementos.

Si bien para la Medicina China la dietoterapia es un aspecto muy importante, lamentablemente es dejado de lado o visto muy superficialmente en la mayoría de las escuelas que aquí enseñan Medicina China. Eso implica que la mayoría de los terapeutas no la conoce – o la conoce poco – y no la utiliza, perdiendo con ello una herramienta de tratamiento y prevención de primer orden.

Dentro de la particular cosmovisión que la MTC aporta sobre el cuerpo y su fisiología, encontramos también el efecto que los nutrientes tienen sobre el metabolismo orgánico, su relación con las estaciones del año y el clima predominante, la acción sobre determinados factores patológicos o condiciones anómalas en el cuerpo, considerando para ello la naturaleza, el sabor, el color y la temperatura de cada alimento y su influencia sobre los cambios fisiológicos.

Sin adentrarnos todavía en las particularidades de este mundo de continuas combinaciones, lo primero que descubrimos con la dietética china es la sensatez y la coherencia guiando el acto cotidiano de comer. Como en las dietas ancestrales – mediterránea, paleo, de temporada, etc. – donde lo que se usa es lo que provee la tierra en cada momento, siendo así lo adecuado y beneficioso.

La diferencia es que en China los aspectos relacionados con la medicina son muchísimo más permeables en la sociedad, primero por su antigüedad y permanencia, segundo porque comparte las teorías comunes que rigen o cohesionan muchísimos aspectos de la cultura china y tercero porque se trata de un sistema que en cierto modo funciona como forma de vida. De este modo, su dietética se ha ido refinando hasta constituirse no solo en la manera natural de comer – adaptada por supuesto a cada región del país – sino también en una forma de tratamiento.

En primer lugar intenta acoplarse a los procesos del cuerpo. Nada de dietas extremas ni de comidas o  bebidas excesivamente frías o fuertes; nada de sabores demasiado extremos, sino más bien una comida que el cuerpo pueda digerir fácilmente, que se adapte bien al organismo y que, a través de suaves impulsos, sea capaz de modificar y purificar el metabolismo. Reduce allí donde sobra y extrae de donde hay demasiada fuerza o energía, trabajando además sobre diferentes zonas o funciones.

La estacionalidad tiene especial relevancia en esta práctica y no solo por los productos de temporada. Todas las culturas avanzadas se crean sobre una base científica del tiempo, y en este sentido los chinos han desarrollado un calendario muy expresivo y sutil. Tanto, que determinaba y determina sobre prácticamente todos las circunstancias de la organización social y de la vida particular de las personas. Detrás de esto se alberga la creencia de que el hombre se encuentra profundamente influenciado por los cambios climáticos que dependen del cielo y de los cambios geográficos de los que es responsable la tierra. Lo que durante mucho tiempo se consideró en Occidente como superchería es ahora materia de estudio y hasta de premio Nobel, pues el galardón otorgado en la categoría de medicina en 2017 fue a parar a tres investigadores cuyo trabajo se centra en descubrir los mecanismos moleculares que controlan los ritmos circadianos; esto es, como nuestro cuerpo si sincroniza con las distintas fases del día para producir y activar sustancias y procesos distintos según la hora, la luz, el tiempo, etc.

Nuestra actual vida moderna ha olvidado los conocimientos de la sabiduría tradicional, que en observancia a los ciclos del cielo y de la tierra (clima, estaciones, luz, oscuridad, etc) guiaron los ritmos del hombre y su actividad… pero nuestra ignorancia no modifica en absoluto esos ciclos, que son y serán los mismos.

La energía del año comienza con la primavera, con la germinación y el crecimiento de las fuerzas. El hombre también necesita movilizar sus energías durante esta época para poder superar el gran sacrificio que le espera durante el invierno. Esto significa que en primavera deberá elegir una alimentación que le de fuerza y que incremente sus energías. Al alcanzar el verano, esta estación caliente y armónica, deberemos procurar que nuestras energías no se desperdicien y que no se vean dañadas por el
gran calor. Al final del verano, el veranillo de San Martín, la época del año más bonita y desde el punto de vista culinario más esplendorosa, cuando todos los frutos han madurado, el hombre lo celebra y disfruta. El año alcanza la “armonía del recogimiento”, después del apogeo. En el otoño, la sequía, las nieblas, el frío y el “reposo” de la tierra preparan la larga calma del invierno, durante el cual se deberán acumular las energías que de ninguna manera se deberán despilfarrar.

De acuerdo a estos preceptos, los alimentos imitan la energética de las fases del año:

· En primavera: aumentan la energía en la superficie corporal
· En verano: conservan la fuerza refrescante en el cuerpo.
· Época de transición (final de verano): armonizan el cuerpo.
· En otoño: humedece el cuerpo y desvían la energía hacia abajo.
· En invierno: conservan el calor de la vida en el cuerpo.

A nivel práctico esta mímesis tiene amplias connotaciones orgánicas: tonificación del sistema inmune, termorregulación, depuración, activación enzimática, hidratación, regulación humoral, activación de la circulación, equilibrio del ratio ácido-base, etc.

Ahora, la aplicación correcta de la dietoterapia ha de basarse en un diagnóstico, porque de otra manera lo que se está haciendo es seguir una dieta concreta y no recurriendo a un uso terapéutico. No es lo mismo un resfriado donde predominan síntomas de congestión por frío y humedad que otro donde ya hay signos de calor y flema. En cada caso la estrategia de tratamiento a utilizar será diferente, incluyendo claro está, la recomendación de unos alimentos sobre otros. En el primer caso hay que expulsar el frío y calentar, siendo el jengibre el producto estrella. En el segundo caso nos interesa hidratar pulmón y eliminar calor, por lo que la pera estaría más indicada.

Es muy interesante contrastar las propiedades que la Medicina China otorga a cada ingrediente con las descubiertas por la ciencia occidental; unas hablan de drenaje, dispersión, naturaleza tibia o sabor amargo y las otras de polifenoles, antioxidantes, peptidasas o anticomedogénicas, pero al comparar sus funciones… resulta que son las mismas!! Son dos métodos y dos lenguajes que expresan lo mismo y que juntos crean una riqueza fantástica al alcance del profesional que maneja esta información para mejorar la salud de sus pacientes.

Si estás leyendo esta entrada y además eres practicante de Medicina China, sabrás a qué me refiero y seguramente mejores los resultados de tu trabajo en consulta gracias a la práctica de la dietoterapia. Si aún no lo haces, este Curso de Dietoterapia según la MTC te interesa!

¡Salud-os a tod@s!

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About Beatriz Daza

Graduada en Enfermería por la U. Complutense de Madrid Master en Cuidados Paliativos por la U. Camilo José Cela Diplomada en Medicina Tradicional China por la Fundación Europea de MTC Asesora nutricional y docente.

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