¿Comer en la Tercera Edad?

Las necesidades energéticas y nutricionales en el anciano son menores que en el joven debido fundamentalmente a la disminución de su masa muscular y de su actividad física. Se ha observado que al menos el 40% de los ancianos de más de 70 años ingieren menos de 1500 Cal/día (Novartis, 1998)


Las recomendaciones energéticas para personas mayores se ajusta en base a una fórmula similar a la de Harris-Benedict pero modificada siguiendo el consenso de la FAO y actualizada en la última década (FAO 2004). En dicha fórmula se observa como el Metabolismo Basal (TMB) es significativamente menor conforme aumenta la edad adecuando los parámetros de la fórmula. Ausman y Russell, 1994 apuntan a una reducción de 9-12% del TMB si se compara con adultos jóvenes

Las necesidades energéticas (NEED) serán el resultado del producto del TMB por el factor de actividad consensuado, general para todas las edades. Una variable importante y no incluida en este sistema es la altura del individuo (si incluida en la fórmula de Harris-Benedict), así como variables específicas más individualizadas en el índice de masa magra, masa ósea y agua corporal

En el anterior cuadro, se entiende actividad sedentaria también para individuos encamados. El cálculo se puede hacer aún más sencillo haciéndolo en un único paso con la fórmula siguiente:

Carbajal (2001) hace una aproximación sobre ingesta energética de 30kcal/kg de peso en personas a partir de los 60 años.

En relación a la ingesta nutricional en la tabla recogida de Carbajal (2013) se observa necesidades similares de proteínas en hombre y mujeres en la edad adulta, un incremento de 200mg de Calcio a partir de los 60 años, y una línea estable de micronutrientes con ligera necesidad de reducir el complejo de Vit B (posiblemente por la reducción de la energía metabólica) a partir de los 60 años y un aumento de la necesidad de vit D a partir de los 60 años de 5 microgramos.


Ilustración 1: Una ingesta insuficiente derivado de disfunciones de la salud puede generar repercusionesNovartis. 2008

Aún cuando las necesidades de macronutrientes se aproximan a la standar de un adulto de edad media, debemos plantear las diferentes situaciones derivadas de patologías típicas de la edad biológica y del autocuidado (trastornos de la masticación y deglución, disfunciones gástricas, apetencia…) que pueden precisar de un incremento de macronutrientes.

Situaciones similares suceden de la ingesta de fibras qu epueden verse reducidas por factores anteriormente explicados creando un rechazo a frutas y verduras y agravando situaciones frecuentes en el anciano como el estreñimiento, el uso de laxantes y la diverticulitis.

La medicación y factores endógenos del individuo va a generar déficits de micronutrientes derivados de los tratamientos farmacológicos (diuréticos-magnesio, hierro-antiácidos,…)

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Pedro Rodríguez

Especialista en Salud Integrativa. Dirige y enseña en varios programas de máster y posgrado universitarios. Divulgador

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